jueves, 20 de octubre de 2016

La Revolución Educativa, como para empezar...


Ponete en situación. Sos docente de Psicología de 4to año del secundario. Estamos a fines de febrero y tenés frente a vos a un alumno que debe rendir y aprobar esa materia para pasar a 5to año.
Quizás ese alumno obtuvo un 10 en el 1er trimestre, otro 10 en el 2do, y un 5 en el tercero. Pero en diciembre reprobó, o su familia se lo llevó de viaje. A su vez, tal vez tenga un compañero con un 5 en el 1er trimestre, un 3 en el 2do y un 10 en el 3ro. Es decir, sin saber lo esperable de los contenidos de los primeros dos trimestres, igual promocionó la asignatura. Quizás. Tal vez. Pero volvamos al alumno que está sentado frente a nosotros por rendir...
¿Por qué ese alumno llegó a esa situación?. No importa. En realidad sí, y mucho, pero ni siquiera hace falta sensibilizar, generar empatía, contando sobre el contexto social, su situación familiar, personal. Imaginateló. Es más, inventate varias situaciones posibles.
Lo cierto es que debe Inglés de 3er y 4to año. Esas dos asignaturas. Psicología, la materia de la que sos docente, sería la tercera…
¿Por qué ese alumno llegó a esa situación en Psicología?. No importa. En realidad sí, y mucho. ¿Hiciste como profe todo lo posible para que se motive, para que se interese, para que tu enseñanza sea significativa y él desee aprender?. Pero dejémoslo entre paréntesis. Es más, hagamos de cuenta que sí. Que te formaste de la mejor manera posible, que planificaste el año, que preparaste tus clases, que intentaste una educación personalizada, que te acercaste, que te preocupaste, que te interesaste por el pibe, que buscaste generar vínculo. Y así y todo, no lo aprobaste, es decir, no aprobó. Se la llevó, digamos. No sabemos a dónde, pero se la llevó…
Demos por descontado que tu objetivo no es cobrar un sueldo y nada más. Que sos un docente profesional y que, también, tenés vocación, pasión, por lo que hacés, por lo que sos. Compartís que la secundaria debe habilitar a los/las adolescentes y jóvenes para el ejercicio pleno de la ciudadanía, para el trabajo y para la continuación de los estudios. Querés que ese pibe, y todos los pibes, se formen, sean mejores, que puedan ser capaces de construir su proyecto de vida como camino de felicidad. Ponele. Y que la psicología, la asignatura de la que sos profe, es importante para eso. Y estás convencido.
¿Qué tenés pensado hacer en ese examen?. Está la posibilidad de que haya estudiado. Y más aún, que haya aprendido. Y más todavía, que te lo pueda comunicar de manera eficaz. Porque puede pasar que no haya estudiado. O que haya estudiado, con esfuerzo, pero no lo haya aprendido. O que lo haya aprendido pero no pueda demostrarlo, sea por falta de herramientas (¿se las enseñamos en las escuelas?) o hasta por nervios (no debe ser fácil estar a una nota, a un número, de repetir el año con todo lo que eso implica a nivel personal, familiar, grupal, etc.).
¿Qué tenés pensado hacer en ese examen?. Porque también está la posibilidad de que no haya estudiado. En ese caso, tal vez ni se presente. O, presionado por alguien, un otro, vaya igual. Porque quizás no le dijo a nadie que no estudió. Y estira su agonía…
 ¿Qué tenés pensado hacer en ese examen?. Ponele que lo reprobas y el pibe se vuelve a su casa. Sigue sin saber psicología. Está mal. Muy posiblemente tenga un conflicto familiar. Se bajonea, quizás mucho, porque no va a poder compartir con sus amigos y amigas ese fabuloso 5to año que tanto anhela. ¿Dejará los estudios?. Ojalá que no. Tal vez baje su autoestima, lo que nunca es bueno.
Hagamos de cuenta que continúa con su trayectoria escolar. Que al año siguiente decide seguir en una institución educativa. Deberá recursar todas las materias de 4to año. Ponele que sean 12, 10 de las cuales ya aprobó. Y sabemos que eso ni siquiera significa que las haya aprendido. De hecho, algunos (¿la mayoría?) aprueban todas sin haber aprendido. Quizás otro que aprobó solamente 10, las mismas que él, inclusive aprendiendo menos, pase a 5to sin necesidad de recursar nada. Porque los que son promovidos, egresan, suelen aprender el oficio de alumno (es decir, cómo hacer para aprobar, convivir, permanecer, pasar, etc.) y lo que certificamos como escuelas, como sistema, no es aprendizaje sino escolaridad. Pero sigamos…
¿Qué diferencia había entre aprobarlo o no en ese examen?. “Le enseñamos responsabilidad”, dirá alguno. Lo pongo en duda, por él y por otros que pasaron de año sin ser responsables. “Ahora sí va a estudiar psicología”, afirman otro. ¿Por qué?. ¿Qué garantiza que ahora vas a lograr como docente lo que antes no lograste?. ¿Pedagogía del miedo a repetir?. ¿Antes no la tuvo y ahora sí?. Dudas. Muchas dudas. Preguntas. Muchas preguntas.
“¿Entonces proponés que lo hagamos pasar sin saber, que lo aprobemos sin exigir nada?”, me preguntará alguno entre confundido y ofendido. No. Propongo que cambiemos el sistema. Que hagamos una verdadera revolución educativa. Este caso es apenas un ejemplo que nos provoca, nos zarandea, nos desestructura, nos incomoda, en fin, nos hace pensar y repensar, sin dejar de sentir.
Ponete en situación. Sos docente de Psicología de 4to año del secundario. Estamos a fines de febrero y tenés frente a vos a un alumno que debe rendir y aprobar esa materia para pasar a 5to año.
¿Qué tenés pensado hacer en ese examen?...