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martes, 5 de mayo de 2015

"¿Redes o Paredes?" (Paula Sibilia)

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Este libro nos propone una reflexión ensayística sobre la 'crisis de la escuela' a partir de una visión genealógica, considerando la manera en que las nuevas tecnologías de comunicación (sobre todo, los aparatos móviles de acceso a las redes informáticas) y, particularmente, los modos de vida que ellos implican, están afectando el funcionamiento de esa institución clave de la modernidad. La intención es detectar y problematizar los factores involucrados en la creciente incompatibilidad de esos modos de ser y estar en el mundo, que son tan actuales, con las ya anticuadas instalaciones escolares; identificar los sentidos de estas transformaciones históricas y ofrecer algunas pistas que permitan delinear posibles respuestas al conflicto o, al menos, reformular las preguntas para que sean más productivas.

¿Para qué sirve la escuela? ¿Esa institución se ha vuelto obsoleta? Dos preguntas inquietantes, que constituyen el punto de partida de esta reflexión ensayística y sumamente actual. El énfasis recae sobre la manera en que las nuevas tecnologías de comunicación, sobre todo los aparatos móviles de acceso a las redes informáticas y los estilos de vida que ellos implican, están afectando el funcionamiento de esa institución clave de la modernidad. El libro analiza los factores involucrados en la creciente “incompatibilidad” entre los nuevos modos de ser y estar en el mundo, por un lado, y las ya anticuadas instalaciones escolares, por otro lado, con sus propias reglas y sus valores, sus premisas y ambiciones. Este análisis de la “crisis de la escuela” toma en cuenta un conjunto de vectores socioculturales, económicos y políticos, con la intención de identificar los sentidos de esas transformaciones históricas, ofreciendo algunas pistas para que podamos enfrentar una cuestión urgente: ¿qué tipo de escuela necesitamos, o cómo deberíamos reemplazarla por algo mejor?

Introducción
¿Para qué sirve una escuela?

1. El colegio como una tecnología de época
2. El molde escolar y la maquinaria industrial
3. Educar al soberano disciplinando a los salvajes
4. Los incompatibles: otros tipos de cuerpos y subjetividades
5. El derrumbe del sueño letrado: desazón, deserción y zapping
6. Las subjetividades mediáticas quieren divertirse
7. Del alumno al cliente, de la ley a la negociación
8. Del niño al usuario o consumidor: cae el mito de la transmisión
9. Del empleado al emprendedor, de la formación a la capacitación
10. Mercado en vez de Estado: de las amonestaciones al bullying
11. Violencia e inseguridad: del reformismo moral al blindaje policial
12. Del pizarrón a las pantallas: la conexión contra el encierro
13. Aulas informatizadas y conectadas: ¿muros para qué?
14. ¿Resistir al confinamiento o sobrevivir a la red?

A modo de conclusión
Inventar nuevas armas

lunes, 21 de julio de 2014

Un día en la vida de un adolescente…



Agustín se levanta, se asea, se viste, y se va a la escuela. Llega justo para el sonido del timbre que indica que es el momento de formar. Todavía con sueño, casi como un zombie, se dirige al lugar donde forma su curso todos los días. Una detrás del otro, casi se amontonan, hacen silencio, escuchan Aurora mientras izan la bandera, palabras del rector. Casi todo le suena igual.
            En el mismo estado de somnolencia se encamina hacia su aula. Llega, se acomoda, se sienta. Entra el preceptor, se para, lo saluda, escucha tomar lista. Entra la profesora, se para, saluda, se sienta, y sigue en silencio.
            Con el pasar del tiempo se va despabilando. Quiere conversar con algún compañero, pero la docente lo reprende. Intenta escuchar. Se aburre. Saca el celular. Le llaman la atención nuevamente, y lo esconde. Lo sigue usando, pero de manera disimulada. La docente no puede darse cuenta ya que son más de treinta en el aula. Y no es el único que se aburre. No es el único que ya no escucha. No es el único que quiere hablar con sus compañeros. No es el único que usa el celular.
            Y así pasa toda la mañana. Cada tanto hay un recreo que apenas le permite ir al baño, estirar las piernas y comprar algo para comer o tomar. Con suerte.
Toca el último timbre de la jornada: hora de ir a casa. En realidad, hora de salir. Se queda un rato dando vueltas, con sus compañeros. No tiene apuro por ir a su casa. No suele haber gente en su casa a esa hora. Y si la hay, nadie lo espera. No tiene ganas de estudiar ni de hacer tarea. Pero finalmente llega a su casa.
            Agustín está sentado frente a su netbook. Está en Facebook, chateando con varios amigos, mientras sube unas fotos. Una compañera le manda un mensaje por whatsapp, avisándole que acaba de postear el link de un video que va a gustarle. Presiona el enlace y es transportado directamente a YouTube para verlo. Es un videoclip de su banda favorita. Sube el volumen. Le gusta una frase de la canción. Googlea la letra para releerla. Y finalmente tuitea: “A leer cuanto se pueda y a escribir que ese sea el ocio, que para el sistema cada ignorante es negocio”.

            Con algunos matices, más o menos, peor o mejor, algo de esto pasa todos los días en la vida de la gran mayoría de los adolescentes. Y ya no podemos seguir mirando para otro lado…