martes, 29 de noviembre de 2016

"Decir que a la escuela se va a aprender y no a ser feliz es un error" - entrevista a César Bona


Entrevista a César Bona

Si tu hijo te dice que no quiere ir al colegio, ¡escúchale!

El candidato al llamado Nobel de los profesores revela la receta del éxito de siete escuelas que están revolucionando el sistema educativo español


Tras convertirse en todo un referente en su profesión con la publicación del libro La Nueva Educación y la obtención de varias distinciones, el maestro zaragozano César Bona (Ainzón, 1972) ha visitado siete escuelas que están revolucionando el panorama educativo español. En estos centros, adscritos a un proyecto pionero dirigido por la Fundación Ashoka, lo más importante no es que los alumnos aprueben, sino escucharlos, motivarlos y formarlos para que sean personas socialmente responsables. En algunos de ellos no hay deberes ni exámenes; en otros, las materias nacen de las preguntas que formulan los propios niños, y tienen como común denominador el promover valores relacionados con el compromiso social en detrimento de la competitividad feroz que domina el mundo actual.
Con gran modestia, Bona asegura que no le gusta que le digan que es el mejor maestro de España, a pesar de que su labor le ha hecho merecedor de dos premios del Ministerio de Educación, quedó entre los cincuenta mejores profesores del planeta en el galardón internacional Global Teacher Prize –llamado Nobel de los profesores- y la mismísima Jane Goodall, primatóloga, Premio Príncipe de Asturias y Embajadora Mundial de la Paz, le pone como ejemplo de pedagogo fuera de serie.
Pero no todo son elogios. Los planteamientos del docente también han levantado ampollas entre algunos de sus colegas de profesión con una visión más convencional de la educación. Muestra de ello es el libro de Alberto Royo Contra la nueva educación. Pero a pesar de las críticas, César se mantiene firme en su compromiso por una educación mejor y más humana. También reconoce que “ha sido un regalo” este paréntesis que se ha tomado en su carrera como docente –está de excedencia desde 2015 de la escuela pública donde trabaja - con el objetivo de difundir cómo es el día a día en los centros educativos que protagonizan su nuevo libro: Las escuelas que cambian el mundo. Porque una nueva educación no es un sueño, es una realidad.
¿Qué recuerdos guarda de su etapa como alumno?
Supongo que los mismos que tienen los lectores que nos leerán: el ir a la escuela, tener que leer un libro de texto y, luego, soltarlo en un examen, olvidarte e ir al siguiente tema; lo que sigue sucediendo ahora años después. Y, claro, las cosas van cambiando en todos los ámbitos de la vida y la educación no debería ser diferente.
¿Cuál es el fallo de la educación convencional?
Nos tenemos que dar cuenta de que somos seres sociales, pero seguimos educando a seres individuales. Es necesario que el conocimiento ya no parta solo del maestro, sino que sea un factor compartido y no sea usado exclusivamente de forma individual.
¿Qué carencias educativas arrastramos la generación EGB?
Sobre todo sociales. Si echas la vista atrás, ¿qué importancia se le daba a las relaciones humanas en la escuela en la que nosotros vivimos?¿O qué cultura ecológica se nos inculcó?¿Cuántas veces escuchamos cuando éramos niños que las diferencias entre nosotros enriquecen? Vida y Escuela han de ser indisolubles. 
¿En qué consiste el proyecto ‘changemarker’ al que están adscritas las escuelas en las que se basa su nuevo libro?
En escuchar a los niños, porque tienen mucho que aportar, invitarles a mirar a la sociedad donde viven e intentar mejorarla. Se trata de convertirles en agentes de cambio. Los alumnos de estos centros celebran asambleas, deciden qué colegio quieren. Y esto no significa que se suban a las barbas, sino que están más a gusto en un lugar donde pueden tomar decisiones, algo que nos sucede también a los adultos.
Usted critica que en el sistema imperante se escucha poco a los alumnos.
En realidad no es una crítica, es un hecho. Los niños y niñas en la escuela siguen recibiendo información que luego van a tener que repetir. La educación tiene que evolucionar: lo más importante para educar o enseñar es escuchar.
¿Qué diferencias hay entre los siete centros ‘changemarker’ de España?
No todos hacen lo mismo. Tenemos, por ejemplo, una escuela rural en Zaragoza –Alpartir, que tiene 39 alumnos- con una relación maravillosa con el pueblo que la acoge: los vecinos de la localidad entran en el colegio y los niños participan en el Ayuntamiento.
Interesante.
En el instituto de Sils (Gironès) y en la escuela Sadako (Barcelona) tienen muy en cuenta el compromiso social. En el colegio O Pelouro, de Galicia, conviven niños de distintas capacidades y no se tienen en cuenta las etiquetas. En el centro Padre Piquer, en Madrid, los chavales de secundaria, bachillerato y FP evalúan a los profesores -también su nivel de empatía-. 
¿Qué otras singularidades de estas escuelas le han llamado más la atención?
En Amara Berri, en San Sebastián, los niños rigen sus propios medios de comunicación y comparten sus proyectos y trabajos con los demás compañeros y con la sociedad. Otro ejemplo es el curso de mediación de conflictos de segundo de ESO que imparte la escuela Sadako. En este colegio los mayores apadrinan a los pequeños creando una relación muy especial. Además, es maravilloso ver cómo proyectos que pueden durar semanas nacen de una pregunta sencilla de un niño.
¿Otras peculiaridades interesantes?
En Amara Berri no se les enseña a hacer operaciones de matemáticas para que luego las plasmen en un papel, sino que las aprenden a través del juego: van a su tienda donde hacen de tenderos, negocian, compran pescado, galletas… ¡Que es como realmente aprenden los niños! En La Biznaga (Málaga) deciden todo por consenso en asambleas y da gusto verles hablar.
Pero la escuela no es un juego.
Cuando la gente lea “aprenden jugando” pensarán que estos centros desvirtúan la educación, y es justo lo contrario: lo que nos sucede es que miramos a la infancia con ojos de adulto y se nos olvida cómo aprenden los niños.
¡Ilumíneme!
Deja un niño suelto y obsérvalo un rato y verás como siempre tiene la curiosidad a flor de piel. Tenemos que saber aprovechar la esencia de los niños -curiosos, creativos…- para sacar lo mejor de ellos. 
¿Y memorizar?¿También es importante para la educación?
Sí y tenemos que saber estimular y usar la memoria, pero no podemos olvidar que se aprende también lo que se siente. Lo que sucede en nuestro sistema educativo es que se busca que los chicos den una respuesta que previamente les hemos dado. Ahí está la clave: si tú te implicas en el proceso, te quedas mejor con lo que aprendes.
¿Cómo se evalúa en estos centros?
Evaluar es importante en la vida: evaluamos constantemente cada día lo que hacemos, aprendemos de los errores, al igual que hacen los niños de estas escuelas, donde hay buenos resultados académicos y sociales, que es una parte no menos importante.
¿Pero hay exámenes?
En algunos sitios, sí; en otros, no. Pero en cualquier caso el aprendizaje sí existe.
Pero al acabar el instituto o en la universidad tendrán que pasar todos ellos exámenes.
Todos estos alumnos están preparados para la vida y para pasar pruebas porque es mucho más fácil volcar la información en un papel cuando sabes buscarla. La diferencia es que normalmente se enseña a decir: “Mira, tú tienes que estudiar esto para mañana y luego me vas a demostrar que te lo has aprendido”. A los dos días eso está olvidado. Pero aquí se les invita a investigar, a compartir con los compañeros, a debatir, y eso se queda dentro. Otra cosa es el tema de la reválida…
¿Qué opina de la reválida que establece la Lomce?
La reválida es un viaje en el tiempo, pero hacia atrás. Si realmente piensan que poniendo más exámenes se va a conseguir mejorar la calidad educativa están cometiendo un error: miles de estudiantes se quedarán fuera del sistema educativo. Si pretenden eso, lo conseguirán.
Hace unos días usted fue recibido por el recién estrenado ministro de Educación, Íñigo Méndez de Vigo. ¿Le trasladó sus reticencias a la nueva ley?
Estuvimos hablando un rato. En cualquier caso, no creo que fuera nada trascendente.
¿Pero le mostró su incomodidad por la reválida?
Sí, como cualquier maestro…
Pero usted no es como cualquier maestro. El Ministerio de Educación se refiere a usted como “el mejor profesor de España”.
No, yo no me considero el mejor de España. Y esto como titular ni se te ocurra ponerlo porque no me considero así, porque hay muchos profesores que he conocido que son maravillosos. Fui allí como un maestro y le dije (al ministro): “Que sepas que cuando se marchó Wert, todos sentimos una mezcla de esperanza y de alivio”. A ver si escuchan a los maestros, a las familias y a los niños. Así empezaría a cambiar la cosa.
¿A favor o en contra de los deberes?
Estoy a favor de que los niños tengan tiempo para sí mismos, para incluso aburrirse. ¿Qué tiene de malo aburrirse? Los niños tienen derecho a disfrutar de su infancia y las familias, de sus hijos. Habrá niños que quizá necesiten algo de repaso, otros que solo necesiten investigar, pero si hubiere deberes, debería ser para que los niños investigaran o para completar lo que hacen en clase. No tienen la culpa de que el currículo sea largo. ¡No tienen que acabar en casa lo que no da tiempo de hacer en clase! 
De hecho, muchos padres se quejan de que no tienen fines de semana por culpa de los deberes.
La gente desea que llegue el viernes para tener tiempo libre, pero muchos niños no lo tienen. “¿Tenéis dos días? ¡Tomad caña!”. Pero lo que no veo bien es que se haga una huelga contra los deberes porque para mí es un error. Secundaría un diálogo, pero esta huelga, no. No es acertada. Ya estamos otra vez enfrentados: padres y maestros…
¿Qué piensa sobre las críticas que ha recibido su propuesta educativa, como la que plantea Alberto Royo en su libro ‘Contra la nueva educación’, donde acusa a su modelo de despreciar el conocimiento y la cultura y apostar por la felicidad ignorante?
Primero, le felicito por la tipografía de su libro porque es copia exacta del nuestro; segundo, decir que se desprecia la cultura y el conocimiento es no tener ni idea de educación, es tener los ojos cerrados, es querer vivir en una educación de hace 30 o 40 años; tercero, decir que a la escuela se va a aprender y no a ser feliz es un error; y cuarto, estar en contra de la evolución es una equivocación.
¿Ninguno de los antiguos dogmas del sistema educativo son útiles?
Hay cosas que se hacen hace 40 años que sirven perfectamente ahora. No hablo de innovación, sino de sentido común. Que los niños se sientan implicados en su propia educación, que se sientan escuchados y queridos. Una obviedad tremenda.
¿Qué se consigue con ello?
Que los niños y niñas tengan ganas de volver al día siguiente, dejarles con ganas de aprender. Ahí entra también el tema de los deberes, por supuesto. Si estás saturado con tu trabajo, es imposible que al día siguiente vayas contenta y con ganas. A los niños les sucede lo mismo. Es lógico.
Sí.
Seguramente hoy habrá miles de padres o madres que lleguen con su hijo a casa y le digan: “Ahora tienes que hacer extraescolar, deberes, no se cuánto más y, luego, a cenar y a dormir. ¡Y la infancia vuela! No tengo hijos pero cuando los tenga, disfrutaré de ellos: pondré la pausa y los llevaré al parque, a la biblioteca, a la librería y no sólo aprenderán, también vivirán.
Y si mi hijo por la mañana me dice: ‘¡Mamá, no quiero ir al colegio, es que no quiero!, ¿qué es lo que falla?
¡Escúchale! y estate un buen rato hablando con ella. Pregúntale: “¿por qué?¿qué ocurre?”. Habla con la maestra o el maestro y dialoga todo lo que sea necesario. Al día siguiente tenéis que conseguir que el niño vuelva al colegio con ganas. La motivación por la escuela ya está en todos los niños, hay que saber cómo encontrarla.
Pasadas las Navidades, muchos padres empezarán a buscar escuela para el curso que viene, ¿qué les aconseja?
Antes los llevábamos en el colegio más cercano, ahora existe más interés en ver qué tipo de educación se ofrece en cada centro. Y esto significa que la gente está más preocupada por la educación de sus hijos. Hay padres que preferirán una educación más clásica y, otros, una educación que tenga en cuenta el compromiso social. Pero si yo tuviera que llevar a mi hijo a una escuela, sería un lugar donde participara en la sociedad, se le invitara a mirar su entorno e intentar cambiarlo y mantuviera intacta la curiosidad innata de los niños. 

http://www.lavanguardia.com/facebook-ia/20161128/412108186383/entrevista-cesar-bona.html

jueves, 17 de noviembre de 2016

“Inclusión y Calidad como Políticas Educativas de Estado. O el mérito como opción única de mercado” (Brener - Galli)

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Aceptar el divorcio entre inclusión y calidad no es otra cosa que naturalizar privilegios en el acceso a la educación, sometiendo a nuestra democracia a los ajustes del mercado. Calidad educativa es en primer término un Estado presente, garante del acceso, (mejor) tránsito y egreso de los y las estudiantes, que se autoriza en el cuidado y la enseñanza con los recién llegados, los que recién ahora llegan y los que siempre estuvieron.

Este libro es un aporte a la construcción de “calidad – inclusión” como par indisoluble, a sabiendas de la complejidad y paradoja que supone, por ejemplo, democratizar una escuela secundaria que hasta hace un rato fue selectiva y excluyente y a que partir de la Ley de Educación Nacional (26.026) de 2006 es un derecho social y que debe transformarse para dar la bienvenida a un sujeto social inesperado que la democracia reciente asumió como acto de justicia con miles de familias que acceden a este nivel educativo por primera vez en su historia

El desafío de hacer más democrática la democracia interroga a la escuela como espacio único y estratégico de construcción de ciudadanía activa, crítica y plural. Una escuela que pueda divorciarse de aquellos mandatos excluyentes, que tome distancia de la reproducción de las desigualdades, de la permanencia y la mismidad como equivalencia de lo común, arriesgándose a los cambios que resguardan el derecho sobre el privilegio, la justicia curricular antes que una relación aristocrática con los saberes y no confunda la diversidad con la desigualdad. Una escuela que se le anime a la incomodidad de hacerle lugar a la necesaria interrupción de lo incierto y novedoso que traen los más nuevos, y en esa diferencia generacional se produzca el más auténtico y justo acto de transmisión y el pasaje de la cultura.
Inclusión y calidad. Se trata de una consigna en respuesta a una falsa disyuntiva: inclusión o calidad. Los compiladores afirman que deconstruir ese sentido común no es un gesto inocente: implica asumir una posición política, ética y pedagógica. De otro modo, se naturalizaría una situación desigual que avala el privilegio de una minoría y la marginación de una mayoría.

Dos caras… ¿dos monedas? Inclusión y calidad reconoce la existencia de dos paradigmas: el democrático y el mercantil; ambos cuentan con su agente protagónico. En el primer caso, se trata del Estado como actor activo de intervención. ¿Cómo? Garantizando el acceso, el tránsito y el egreso de los estudiantes y promoviendo condiciones necesarias para el desarrollo de aprendizajes significativos. En el segundo modelo, es el mercado con sus ajustes a los designios económicos administra el acceso a la educación.

En transformación permanente. Gabriel Brener y Gustavo Galli, compiladores de la novedad editorial de Crujía-Stella, afirman que la inclusión educativa no es una imposición. ¿Por qué? Se trata de un proceso en permanente construcción, sin fecha de vencimiento, que debe ser permeable a modificaciones que atiendan las transformaciones económicas, sociales, y culturales, así como aquellas que se expresan en las instituciones y los sujetos que le otorgan sentido cotidiano, en la medida que estos respondan a criterios de justicia social y curricular.

Los compiladores

Gabriel Brener. Es Licenciado en Cs. de la Educación por la UBA, Especialista en Gestión y Conducción de Sistema Educativo por la FLACSO (Facultad Latinoamericana de Cs. Sociales) y Profesor de Enseñanza Primaria por la Escuela Normal Nº 4. Es Docente de la cátedra de Didáctica General del Profesorado en la Facultad de Filosofía y Letras de UBA, del Diploma Superior en Conducción Educativa del ISFD J.V González, así como profesor del Diploma y de la Especialización en “Curriculum y Practicas Escolares en Contexto”, de la FLACSO y de la Cátedra “Conducción Educativa” en la Licenciatura en Educación de la Universidad Nacional de Hurlingham (UnaHur).

Gustavo Galli. Es Profesor de Ciencias Naturales, Licenciado en Administración y Gestión de la Educación (UNSAM), Especialista en Curriculum (FLACSO) y Magister en Educación: Pedagogías Críticas y Problemáticas Socioeducativas. (FF y L. UBA) Actualmente es Coordinador del Centro de Pedagogías Críticas y Educación Popular de la Fundación La Salle Argentina. Se desempeña como docente en nivel terciario y universitario (Instituto Joaquín V. González –UNAHUR – UMET – UNISAL). Integra el equipo de la Secretaría de Cultura de SUTEBA. Ha sido docente y directivo de escuelas secundarias.
PRESENTACIÓN

jueves, 20 de octubre de 2016

La Revolución Educativa, como para empezar...


Ponete en situación. Sos docente de Psicología de 4to año del secundario. Estamos a fines de febrero y tenés frente a vos a un alumno que debe rendir y aprobar esa materia para pasar a 5to año.
Quizás ese alumno obtuvo un 10 en el 1er trimestre, otro 10 en el 2do, y un 5 en el tercero. Pero en diciembre reprobó, o su familia se lo llevó de viaje. A su vez, tal vez tenga un compañero con un 5 en el 1er trimestre, un 3 en el 2do y un 10 en el 3ro. Es decir, sin saber lo esperable de los contenidos de los primeros dos trimestres, igual promocionó la asignatura. Quizás. Tal vez. Pero volvamos al alumno que está sentado frente a nosotros por rendir...
¿Por qué ese alumno llegó a esa situación?. No importa. En realidad sí, y mucho, pero ni siquiera hace falta sensibilizar, generar empatía, contando sobre el contexto social, su situación familiar, personal. Imaginateló. Es más, inventate varias situaciones posibles.
Lo cierto es que debe Inglés de 3er y 4to año. Esas dos asignaturas. Psicología, la materia de la que sos docente, sería la tercera…
¿Por qué ese alumno llegó a esa situación en Psicología?. No importa. En realidad sí, y mucho. ¿Hiciste como profe todo lo posible para que se motive, para que se interese, para que tu enseñanza sea significativa y él desee aprender?. Pero dejémoslo entre paréntesis. Es más, hagamos de cuenta que sí. Que te formaste de la mejor manera posible, que planificaste el año, que preparaste tus clases, que intentaste una educación personalizada, que te acercaste, que te preocupaste, que te interesaste por el pibe, que buscaste generar vínculo. Y así y todo, no lo aprobaste, es decir, no aprobó. Se la llevó, digamos. No sabemos a dónde, pero se la llevó…
Demos por descontado que tu objetivo no es cobrar un sueldo y nada más. Que sos un docente profesional y que, también, tenés vocación, pasión, por lo que hacés, por lo que sos. Compartís que la secundaria debe habilitar a los/las adolescentes y jóvenes para el ejercicio pleno de la ciudadanía, para el trabajo y para la continuación de los estudios. Querés que ese pibe, y todos los pibes, se formen, sean mejores, que puedan ser capaces de construir su proyecto de vida como camino de felicidad. Ponele. Y que la psicología, la asignatura de la que sos profe, es importante para eso. Y estás convencido.
¿Qué tenés pensado hacer en ese examen?. Está la posibilidad de que haya estudiado. Y más aún, que haya aprendido. Y más todavía, que te lo pueda comunicar de manera eficaz. Porque puede pasar que no haya estudiado. O que haya estudiado, con esfuerzo, pero no lo haya aprendido. O que lo haya aprendido pero no pueda demostrarlo, sea por falta de herramientas (¿se las enseñamos en las escuelas?) o hasta por nervios (no debe ser fácil estar a una nota, a un número, de repetir el año con todo lo que eso implica a nivel personal, familiar, grupal, etc.).
¿Qué tenés pensado hacer en ese examen?. Porque también está la posibilidad de que no haya estudiado. En ese caso, tal vez ni se presente. O, presionado por alguien, un otro, vaya igual. Porque quizás no le dijo a nadie que no estudió. Y estira su agonía…
 ¿Qué tenés pensado hacer en ese examen?. Ponele que lo reprobas y el pibe se vuelve a su casa. Sigue sin saber psicología. Está mal. Muy posiblemente tenga un conflicto familiar. Se bajonea, quizás mucho, porque no va a poder compartir con sus amigos y amigas ese fabuloso 5to año que tanto anhela. ¿Dejará los estudios?. Ojalá que no. Tal vez baje su autoestima, lo que nunca es bueno.
Hagamos de cuenta que continúa con su trayectoria escolar. Que al año siguiente decide seguir en una institución educativa. Deberá recursar todas las materias de 4to año. Ponele que sean 12, 10 de las cuales ya aprobó. Y sabemos que eso ni siquiera significa que las haya aprendido. De hecho, algunos (¿la mayoría?) aprueban todas sin haber aprendido. Quizás otro que aprobó solamente 10, las mismas que él, inclusive aprendiendo menos, pase a 5to sin necesidad de recursar nada. Porque los que son promovidos, egresan, suelen aprender el oficio de alumno (es decir, cómo hacer para aprobar, convivir, permanecer, pasar, etc.) y lo que certificamos como escuelas, como sistema, no es aprendizaje sino escolaridad. Pero sigamos…
¿Qué diferencia había entre aprobarlo o no en ese examen?. “Le enseñamos responsabilidad”, dirá alguno. Lo pongo en duda, por él y por otros que pasaron de año sin ser responsables. “Ahora sí va a estudiar psicología”, afirma otro. ¿Por qué?. ¿Qué garantiza que ahora vas a lograr como docente lo que antes no lograste?. ¿Pedagogía del miedo a repetir?. ¿Antes no la tuvo y ahora sí?. Dudas. Muchas dudas. Preguntas. Muchas preguntas.
“¿Entonces proponés que lo hagamos pasar sin saber, que lo aprobemos sin exigir nada?”, me preguntará alguno entre confundido y ofendido. No. Propongo que cambiemos el sistema. Que hagamos una verdadera revolución educativa. Este caso es apenas un ejemplo que nos provoca, nos zarandea, nos desestructura, nos incomoda, en fin, nos hace pensar y repensar, sin dejar de sentir.
Ponete en situación. Sos docente de Psicología de 4to año del secundario. Estamos a fines de febrero y tenés frente a vos a un alumno que debe rendir y aprobar esa materia para pasar a 5to año.
¿Qué tenés pensado hacer en ese examen?...

lunes, 8 de agosto de 2016

La Educación Prohibida

"La educación prohibida es una película documental independiente de Argentina estrenada en agosto del año 2012. La misma documenta experiencias educativas no convencionales en países de América Latina y España, donde están representadas instituciones educativas con prácticas vinculadas a las ideas y pedagogías como la Educación Popular, Waldorf, Montessori, Cossettini, Educación Libertaria, Homeschooling y otras referencias dentro de la llamada pedagogía progresista.

Esta obra es considerada la primera película en español estrenada que fue financiada mediante un modelo de crowdfunding o financiación en masa. Se destacó también por su modelo de proyección distribuido que permitió su estreno en simultáneo en 151 salas en 119 ciudades de 13 países en donde fue vista por más de 18 000 espectadores. A un año de su estreno se estima que la película fue reproducida y descargada más de 10 millones de veces y se registraron casi 900 proyecciones independientes en más de 30 países.

La película se publicó bajo una licencia de Creative Commons del tipo Copyleft. De acuerdo con una entrevista del Director Germán Doin en Global Education Magazine, la película documental busca "promover y alimentar una discusión, un debate, que claramente creemos que hoy será muy fructífero. Ayudar a que estas experiencias se multipliquen y en última instancia brindar herramientas para que las personas tomen las decisiones sobre sus prácticas educativa"." (Wikipedia)



martes, 21 de junio de 2016

"Lo que más importa es qué se hace en el aula" - Darío Sztajnszrajber

El ranking que mide indisciplina, publicado la semana pasada, brinda la posibilidad de múltiples análisis, en especial si nos adentramos en sus cruces. Frente a la infografía que compara indisciplina y conocimiento, el caso de Finlandia es el que más llama la atención: últimos lugares en buen comportamiento y primeros lugares en conocimiento.
Es cierto que también hay cruces donde se da la supuesta lógica (a más disciplina, más saber), pero es de la lógica donde casi siempre hay que desconfiar: pensar es un ejercicio de desarticular obviedades y por eso, casi como una presencia extraña, casi como un llamado que nos descoloca de lo uniforme, el caso finlandés nos exige retornar a la pregunta por el sentido mismo de la educación: ¿para qué? Se puede pensar a la educación como disciplinamiento. En este caso la relación con el saber seguiría dos líneas complementarias, ya que así como por un lado se potencia más la disciplina que el conocimiento (la idea de la escuela como guardería), al mismo tiempo se disciplina al conocimiento , promoviendo programas de estudios que cuajan en las necesidades profesionales del sistema vigente. Así, priorizamos el buen comportamiento sin reflexionar críticamente tanto sobre qué tipo de saber hay que enseñar, como sobre cuál tiene que ser el comportamiento de un alumno en el aula: siempre recuerdo a una autoridad escolar que me clamaba “no importa lo que hagas en el aula, pero que estén sentados” .
Pero el discurso del orden siempre es a todo y nada.
Lo opuesto a la educación como disciplinamiento no es el caos donde reina la anomia. El relato del caos educativo, -con alumnos tirándose tizas abstraídos en sus auriculares, mientras unos desahuciados maestros intentan infructuosamente poner orden- es más bien una narración que resulta funcional al discurso de la disciplina. Pero la apuesta pasa por otro lado . Volviendo al ejemplo anterior: no se trata de no estar sentados, sino de entender que lo que importa, en realidad, es qué se hace en el aula.
O volviendo al ranking, se trata de salirse de las causalidades unilaterales , ya que de lo contrario habría que afirmar que ha sido la indisciplina en las aulas finlandesas, la que posibilitó su éxito en la escala del conocimiento. Y por ello mismo cabría también sostener irónicamente, su opuesto: ¿y si fue la excelencia en el conocimiento, la causa de la indisciplina? Sócrates, maestro que inspiraba al ejercicio de un pensamiento crítico y libre, daba clases caminando, paseando por Atenas. ¿Cómo lo mediría el ranking? Hay muchas aulas alrededor del mundo donde algún maestro da clases a chicos de diferentes edades todos juntos en un espacio medio destruido , donde tienen que sentarse encimados en tablones rotos y no cuentan obviamente con los útiles correspondientes, buscando en el docente un abrazo, un poco de cariño, algo de amor. ¿Cuánto mide esta indisciplina? Se puede pensar a la educación desde otra perspectiva, repensando su para qué. Se podría pensar que un aula antes que nada es un encuentro creativo donde docentes y alumnos buscan conectarse, reinventarse, ejercitar el cuestionamiento, abrir la pregunta, transformar el mundo. Algo que ningún ranking puede medir.

Publicado en Clarín el 15 de junio de 2011

jueves, 14 de abril de 2016

"Un docente puede cambiar destinos" - Carina Kaplan

La escuela es un espacio de posibilidad. Puede ayudar a curar las heridas sociales producidas por el racismo y la discriminación. Para eso, es preciso que esté abierta a comprender las experiencias y trayectorias juveniles.
Los niños y niñas que viven en condiciones de marginalidad tienden a creer que no les da la cabeza para el estudio, o que no nacieron para las matemáticas, y se sienten inferiores, con baja autoestima. Pero un docente con altas expectativas puede cambiar destinos. La confianza es un elemento vertebrador en el vínculo docente-alumno/a. atravesado por el conocimiento. La autoridad que abraza se manifiesta en las relaciones cara a cara.
La innovación educativa no puede suceder sin confianza en los jóvenes. La condición para innovar es volver a mirar a los chicos y chicas, con una mirada despojada de prejuicios. La docente de esta historia supo volver a mirar a la niña como niña, ver sus capacidades más allá de los estigmas. De esta manera, pudo desnaturalizar la imagen que la niña tenía de sí misma, esta que le hacía creer que no sabía “nada”.
Atreverse a romper estructuras tradicionales de la evaluación, valorando los saberes más allá de la escuela, es una tarea tan difícil como necesaria. Así las historias mínimas de la vida en las aulas van a hacer emerger las grandes revoluciones educativas, que se inician con la confianza en las capacidades de los alumnos y alumnas.
Carina Kaplan

sábado, 12 de diciembre de 2015

"Sobre la Educación en un Mundo Líquido" (Zygmunt Bauman)

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En "Sobre la educación en un mundo líquido: Conversaciones con Ricardo Mazzeo", de Zigmunt Bauman, autor de otras obras clasificadas en la materia de teoría sociológica como Vida líquida o La sociedad individualizada, el autor nos invita de nuevo a reflexionar esta vez acerca de la difícil situación en la que se encuentran los jóvenes en la actualidad, y también sobre el papel de la educación y de los educadores en un mundo que, desde hace tiempo, ya no cuenta con las certezas que confortaban a nuestros predecesores. La capacidad descriptiva de sus conceptos de “modernidad líquida”, “vida líquida”, “miedo líquido” o “amor líquido” han traspasado el ámbito de la sociología para convertirse en expresiones empleadas a menudo en los medios de comunicación, en la política e incluso en el lenguaje coloquial. Desde los inicios de Zigmunt Bauman en la década de 1970, su visión de la sociología ha reivindicado para esta disciplina un papel menos descriptivo y más reflexivo. Sus aportaciones a la conceptualización de la posmodernidad, a la qué el denomina “modernidad líquida” han sido plasmadas en diversos ensayos que le han valido el reconocimiento internacional. Bauman ha sido galardonado con el European Amalfi Prize for Sociology and Social Science en 1992 y el Theodor W. Adorno Award en 1998. En 2010 le fue concedido, junto con Alain Touraine, el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades.
Enfrentados al desconcierto propio de nuestra sociedad líquida, muchos jóvenes sienten la tentación de quedarse al margen, de no participar en la sociedad.  Algunos de ellos se refugian  en un mundo de juegos on line y de relaciones virtuales, de anorexia, depresión,  alcohol e incluso de drogas duras, pretendiendo con ello protegerse de un entorno que cada vez más se percibe como hostil y peligroso. Otros adoptan conductas violentas, uniéndose a bandas  callejeras y al pillaje protagonizado por quienes, excluidos de los templos del consumo, desean participar en sus rituales. Una situación que se produce bajo la mirada ciega e indiferente de nuestros políticos, y ante la que es preciso reaccionar.